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Centro Cultural

Historia del Centro Cultural (por Carlos Espinosa)

En 1964, siendo presidente del Consejo Municipal el vecino Carlos Pelegrina, se organiza la primera Comisión Municipal de Cultura, con la participación de Rosa Elvira "Chichita" Dominguez, Aldo Liccardi, Elida "Nenona" Cuestas de Frías, Olivio Verdinelli, Jesús Eduardo Andrés, Estanislao de Dobrynszki, Segundina "Tita" Andersen, Omar Antonio Fossati, Diva Liccardi y Filomena Píccolo. En 1965 se le otorga estructura orgánica a la citada Comisión "para promover y estimular en la mejor forma y amplitud posibles la elevación cultural del pueblo".
Al año siguiente, 1966, Fossati fue designado director de Cultura de la provincia de Río Negro, bajo el gobierno de intervención militar del almirante Homero José Lanari. La "dupla" que armaron Chichita, desde la Municipalidad, y Omar, desde la provincia, dejaría una huella imperecedera en la historia cultural de Viedma.
La sala de Biblioteca Mitre presentaba algunas deficiencias propias del paso del tiempo y el impulso de los dos organismos culturales (el municipal y el provincial) hizo posible que iniciaran trabajos de reparación. Por esta razón la sede de la calle Rivadavia quedó cerrada al público en los primeros meses de 1967.
Para entonces, de acuerdo con el impulso y visión de futuro del núcleo de la Comisión Municipal de Cultura, el comisionado municipal Hugo Mauri (un jóven y brillante abogado viedmense) ya había iniciado los primeros trámites dirigidos a obtener el financiamiento nacional que permitiese la construcción de un "centro cultural integral".
En un amarillento recorte del diario "Voz Rionegrina" (22 de diciembre de 1966) se puede leer que "el lunes ppdo. (sic) regresó de la Capital Federal el Comisionado Municipal de Viedma, Dr. Oscar Hugo Mauri; la presidenta de la Comisión Municipal de Cultura, Srta.(sic) Elvira Dominguez y la arquitecta Babel Rodriguez Cebrián, quienes realizaron gestiones ante el Fondo Nacional de las Artes, relacionadas con la construcción de un centro cultural en nuestra ciudad".
La crónica agregaba que " la iniciativa originada en el seno de la Comisión Municipal de Cultura de Viedma tuvo favorable acogida en el citado organismo, dado que el mismo se hallaba abocado al estudio de un centro tipo para el interior del país, siendo el de Viedma el primero de esas características...", puntualizando después que "las autoridades de dicho organismo (el Fondo de las Artes) han asegurado la participación extraordinaria de alrededor de los quince millones de pesos", cifra que equivalía según el cambio de entonces a un cuarto de millón de dólares.
Fue el 25 de mayo de 1967, en el marco de la Fiesta de la Patria, cuando se colocó la "piedra fundamental" para el Centro Municipal de Cultura en la plazoleta del fundador sobre la Costanera (todavía de tierra) esquina con la calle 7 de Marzo (por entonces el límite de la zona urbana).
Ante la presencia de las más importantes autoridades del momento (gobernador Lanari, intendente Mauri, obispo José Borgatti) Chichita leyó un acta que después fue colocada en un tubo metálico y enterrada junto con la base de la futura obra.
El acta decía, entre otros conceptos, que la obra del Centro Municipal de Cultura "fue y es la concreción de los anhelos de la Comisión Municipal de Cultura, integrada por personas con sensibilidad humana y comunitaria, que vieron en este logro un motivo de integración ciudadana con proyección de futuro".
Los trabajos constructivos se pusieron en marcha, efectivamente, a principios de 1968 aún sin haberse formalizado el convenio de asistencia financiera del Fondo Nacional de las Artes, con un presupuesto total cercano a los cien millones de pesos moneda nacional, con aportes provinciales y municipales.

El presupuesto era de 140 millones de pesos para sus 2.400 metros cuadrados, sobre la base de un diseño de los arquitectos Lisandro Báez Escobar y Enrique Faré (ambos radicados en Viedma, por aquellos años). La empresa constructora era la firma de Julio Gancedo y Cía., los trabajos demandaron un lapso de 30 meses.
En agosto de 1969 la dirección provincial de Cultura convocó en Viedma un Seminario de Teatro de Río Negro, bajo la dirección del maestro Francisco Javier, con la participación de destacados conferencistas: el escenógrafo Paulo Benavente, la actriz Inda Ledesma y el reggiseur Constantino Juri.
Todos ellos visitaron las obras y proclamaron, a través de los medios de comunicación, su profunda admiración por la realización que se estaba concretando en Viedma.
“El proyecto, inspirado en las casas de Cultura de Francia, contó con el pleno apoyo del Fondo Nacional de las Artes, pero no por los papeles y los planos, sino porque aquellas autoridades, un conjunto humano excepcional con figuras como Augusto Cortázar o Juan Carlos Pinasco, comprendieron que aquí en este rincón de la Patagonia se había gestado un auténtico movimiento cultural” recordó, hace pocos días, Chichita Domínguez, principal fogonero de aquel acontecimiento.
Agregó que nosotros tuvimos en todo momento el respaldo del intendente Mauri, que asumió la idea como propia, aunque ello le valió tener que soportar las fuertes críticas de algunos sectores, para quienes la obra era innecesaria, algo así como un elefante blanco que Viedma no se merecía”.
“Para aquel homogéneo grupo humano, Omar (Fossatti), Adelina (Casamiquela), Nenona (Frías) y muchos otros que nos juntábamos todos los días para discutir nuestras ideas, lo importante no era sólo presentar espectáculos y darnos el gusto de ver a figuras artísticas famosas, sino que creíamos firmemente en la actividad sistemática y continuada, que sembrara para el futuro. Por eso ya en 1967 se habían creado la Escuela de Teatro, dirigido por Javier; la Escuela de Danza, que dirigía Ana Labat; poco después se puso en marcha el Taller Experimental del Títere, que dirigieron Cecilia Andrés y Alcides Moreno; y también ya habíamos puesto la semilla para una escuela de Música, con el asesoramiento de maestros como Ernesto Epstein y José Antonio Gallo, del Collegium Musicum de Buenos Aires” siguió memorando Chichita.
Durante algo mas de dos años la enorme estructura del Centro Municipal de Cultura fue tomando forma, lentamente, ante las miradas incipientes de quienes habían forjado la iniciativa y ¡Cuando No! La indiferencia de muchos otros.
Hacia fines de julio de 1970 la obra estaba terminada en su estructura principal. Aunque al escenario y la sala principal le faltaban todo el equipamiento. Para entonces se habían producido cambios en las cúpulas gubernamentales de la provincia y el Municipio. La gobernación rionegrina estaba a cargo, de facto, del general Roberto Requeijo y la intendencia capitalina ejercida por Ángel Cayetano Arias, en carácter de comisionado.
Chichita Domínguez precisa que “faltaban detalles pero el edificio estaba listo para empezar a ocuparlo, pero en esos días empezó a circular el rumor de que el gobernador le iba a pedir a la Municipalidad que algunos espacios del Centro Cultural fuesen cedidos para la instalación de oficinas públicas provinciales”.
“Inmediatamente pensamos que si esa intención se concretaba nunca más se podría recuperar el edificio para la finalidad que se había previsto, por lo que comenzamos a organizar lo que sería una auténtica pueblada, una toma pacífica del Centro Municipal de Cultura, protagonizada por un grupo numeroso de gente a mediados de agosto de 1970” recordó después.

El Centro Municipal de Cultura estaba prácticamente listo, pero empezó a circular el rumor de que el gobernador le iba a pedir a la Municipalidad que algunos espacios del Centro Cultural fuesen cedidos para la instalación de oficinas públicas provinciales. Ante esta posibilidad, muchos ciudadanos decidieron ´tomar´ el edificio, en lo que Chichita Domínguez denominó “una auténtica poblada”.
La fecha exacta de esa toma es la del 15 de agosto, aprovechando un feriado de índole religiosa que había por entonces y en víspera del día de homenaje al general San Martín.
Como si fuesen hormigas los alumnos de la escuela de Teatro, los miembros de los grupos de danza y folclore, los padres de los alumnos y los anónimos colaboradores de la movida cultural, cargaron en camiones y camionetas los elementos con los que desarrollaban sus actividades en la biblioteca popular Bartolomé Mitre (en su emplazamiento de la calle Rivadavia casi esquina Mitre), además de algunos escritorios, armarios y sillas que la siempre inquieta Chichita había encontrado en un depósito estatal.
El 16 de agosto por la tarde Ethel Medina, profesora residente de la Escuela de Teatro que dirigía Francisco Javier, dictó su primera clase en una de las flamantes aulas del Centro Cultural. “ Ya no nos podían sacar, habíamos habilitado el edificio de hecho... pero por eso mismo nunca se inauguró oficialmente”, reseñó Chichita Dominguez.
La sala mayor todavía no tenía sillas (las primeras butacas plásticas llegarían recién a principios de 1976) ni reflectores, ni mucho menos telón o bambalinas... pero sobraban ganas de hacer cosas. Se pintaron paredes, se hicieron primitivas instalaciones de electricidad, todos trabajaron, todos pusieron el hombro.
Finalmente el 27 de setiembre 1970 se estrenaba la obra “Hay un elefante en casa”, creación teatral sobre la base de la obra del francés Alexandre Rivamale, dirigida por Javier con el elenco de alumnos de la Escuela Municipal de Teatro.
“Esa fue la inauguración del Centro Cultural, sin acto oficial, pero con mucho éxito de público” añadió Chichita.
Unos pocos dias antes, el 24 de septiembre, el diario “ La Voz Rionegrina” comentaba que “el gigante (el Centro Cultural) despierta para albergar a un pueblo. El gigante destruye la lejana leyenda de una absurda quimera y es realidad palpable.
Es realidad que vive detrás de cada piedra, en medio de las aulas, junto a alguna escalera que sonríe en su mueca de peldaños al sentir la caricia de tantos pies viedmenses”.
“Las paredes no duermen. Manos de toda clase han rozado su entraña. El pueblo le dio vida. El pueblo se ha acercado y ha ofrecido su ayuda para vestir al niño. Todos lo siente suyo. Porque el niño es de todos” seguía diciendo la crónica del viejo y desaparecido matutino.
Así arrancó la historia. Después vendrían las noches de brillo, las grandes puebladas aplaudiendo a figuras de la talla de Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui, Los Chalchaleros, Carlos Di Fulvio... y tantos otros. Aquel escenario nuevo se poblaría de entusiasmo joven con la gesta de “La Cantata de Santa María de Iquique” y más... y más... y más.
Entre 1973 y 1974 la sala estuvo ocupada transitoriamente por la Legislatura Provincial, porque todavía no se habían terminado los trabajos de reconstrucción del ex teatro Argentino para convertirlo en recinto parlamentario. El Centro Municipal de Cultura de Viedma ha tenido tiempos de esplendor y otros de oscuridad. En agosto de 2000 se festejó el 30° aniversario de aquella “toma popular” equivalente a una inauguración. Fue la única vez que se rindió homenaje a su historia, con la presencia de algunos de sus impulsores originales, y casi la totalidad de los directores que estuvieron a su frente durante estas tres décadas.

En el año 2005 comenzó una histórica renovación edilicia que incluyó al escenario, a la sala mayor, los pisos de ambas plantas, el pintado exterior e interior y mejoras en la iluminación.
El 22 de abril de 2006 quedaron inauguradas formalmente las reformas y además se logró un viejo anhelo: que todas las aulas y oficinas del edificio fueran nuevamente utilizadas para actividades culturales, ya que hasta entonces habían funcionado dependencias de turismo, archivos, entre otras.

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